SE FUE EL MÁS GRANDE…. FALLECIÓ DIEGO MARADONA

SE FUE EL MÁS GRANDE…. FALLECIÓ DIEGO MARADONA

11/25/2020 0 By MAD

El ídolo del fútbol mundial sufrió un paro cardiorrespiratorio en la casa de Tigre donde estaba haciendo su rehabilitación tras la operación por un subhematoma subdural. Tenía 60 años.

Diego Maradona falleció en su casa del barrio San Andrés, en Tigre. Allí se recuperaba de una operación en la cabeza.

Diego Armando Maradonafalleció este miércoles luego de sufrir un paro cardiorespiratorio en su casa del barrio San Andrés, en Tigre, en la que el mejor jugador de todos los tiempos se recuperaba de una intervención quirúrgica en la cabeza.El Diez se descompensó y sufrió un paro cardíaco. En vano fueron los esfuerzos de los médicos que se acercaron hasta allí para intentar reanimarlo.

Un país entero lo amó, lo juzgó y lo llora. Le dimos esa responsabilidad innecesaria de representarnos en el mundo entero. ¿Por qué deberíamos intentar agradarles a europeos y estadounidenses? Y, ¿por qué debería ésa ser su tarea? A él, eso nunca le importó más allá del verde césped -donde posiblemente nos representó mucho mejor de lo que somos-. Diego Armando Maradona tuvo la vida que quiso, pero sobre todo la que pudo. Muchos creyeron que su condición de deidad en las canchas se trasladaría a su vida privada y social; una perfección que nadie podría alcanzar y a nadie se le exige. Pareciera que nos olvidáramos que el ídolo fue de carne y hueso, un tipo con millones de errores y virtudes. El más humano de los dioses, diría Eduardo Galeano.

El 10 convivió con la gloria durante gran parte de su vida, una droga mucho más potente que el resto de sus adicciones. Un vicio que lo persiguió después de retirarse y aclararnos que la pelota no se mancha. Se sabe: el éxito es peligroso y nunca se está preparado para sus dosis más elevadas, mucho menos si se trata de alguien que creció en Villa Fiorito y vio como Doña Tota se resistía a comer para que sus hijos duerman con la panza llena. Y, curiosamente, aun cuando más disfrutó de esos lujos y excesos, y asimismo cuando más los padeció, esa vida siempre estuvo presente. Como si él mismo se recordara de dónde venía sin importar cuán alto o bajo estuviese: el único antídoto para “D10S” era dieguito. Eso lo sensibilizaba, y se tocaba el corazón, mientras recordaba su “barrio privado de agua, de luz, de teléfono”.

El camino de este héroe tuvo un epílogo muy largo -¿quién no presiente que pasaban más cosas durante una semana en la vida de Maradona que en un puñado de décadas del resto de los mortales?-, pero tan corto al mismo tiempo. Su muerte se produjo en medio de cierta distancia de Dalma Giannina, dos chicas por las que juró y juraron millones de argentinos; un reencuentro afectuoso con Diego y Jana, los hijos a los que reconoció muy tardíamente; y tras una visita fugaz a Dieguito Fernando, su último descendiente. Apasionado, desmedido, agresivo, genuino, controversial, contestatario, ingenioso…. ¿Hasta qué punto no nos representó ante el mundo? Algunos podrán verse reflejado en el Pelusa otros en el Diegote, y es que hubo tantos Maradonas en la vida de Maradona como perfiles del argento promedio.

Diego Maradona disfrutando de su mejor juguete: la pelota.

Diego Maradona disfrutando de su mejor juguete: la pelota.

El don de tratar muy bien al balón

Poco importan las encuestas o el tan codiciado título de “el mejor de todos los tiempos”, quienes amamos el fútbol lo tenemos claro: se fue el tipo que más reivindicó el juego. Su parte lúdica (el idilio con la redonda), su parte competitiva (ganar ante la adversidad). Porque ese pibe de oro que nos avisó con ternura que su sueño era “jugar” un mundial, no solo lo consiguió, además, lo ganó convirtiéndose en leyenda. Y, a la distancia, más allá de los goles y los títulos, lo que sigue enamorando son sus formas: el pecho inflado y su rapidez mental. Lo saben los bichitos de La Paternal., los xeneizes, los azzurris y el planeta entero. Nuestro Pelusa fue el de las genialidades, el tipo que veía las cosas que el resto de los futbolistas ni siquiera osaba imaginar. Un malabarista, pero también un estratega que no escatimaba la garra y el coraje.

Hay muchas generaciones que no lo vieron en vivo, pero saben quién es ese al que comparan con Lionel Messi. Sus viejos y YouTube se encargaron de contarles el mito o algunas de sus partes más célebres. Y aunque se destaquen ciertos pasajes como la utopía de robarle a los piratas a tres años de la Guerra de Malvinas y, cinco minutos después, enrostrarle la máxima expresión de su mejor invento, lo cierto es que hay mucho que admirar. Como ese pase entrelíneas, aún con el tobillo hinchadísimo, que silenció a los brasileños o ese día al que le cortaron las piernas y un país quedó cojo. Por supuesto, también está el otro Maradona que también se instaló en el inconsciente colectivo. El de las frases ingeniosas y el de los comentarios impunes. Y sí estuvo parado en distintas veredas porque como muchos argentinos, él también fue permeable a las promesas electorales. Pero, aún con sus exabruptos y alianzas infructíferas, discursivamente siempre hablando en nombre de los que más necesitan salir adelante.

Diego Maradona en un momento inolvidable en México 86.

Diego Maradona en un momento inolvidable en México 86.

Venerado en todo el mundo

A diferencia de otros ídolos populares que se mitificaron tras su muerte, Maradona disfrutó y sufrió en vida el amor del mundo entero en cada rincón que pisó. Durante su vida adulta, salir a la calle se transformó en una utopía: cada ciudad en la que se instaló lo adoró –incluso en Nápoles, admitió, la rutina fue más que insoportable- y hasta el último de sus días vio cómo la gente se largaba a llorar con tan solo tenerlo cerca. Miles de personas lo llevan en la piel, coleccionan sus camisetas o han sido bautizados en su honor. Y es que para muchos, se trataba de un Dios. Como dijimos, uno con todas nuestras debilidades y, por lo tanto, el más cercano a nosotros mismos -¿cuántas veces leímos eso de “hechos a imagen y semejanza”?-. En él vimos, lo que nadie es capaz de hacer y en lo que todos somos permeables a caer. Pero nada va a ensuciar el mito porque la pelota, el “fubol”, no se mancha. Y su máxima expresión, Diego Armando Maradona tampoco.